
“la palabra muerta está demasiado apegada a nosotros. Hay que hacerla vivir en lo que uno hace”
Augusto Roa Bustos
Augusto Roa Bustos
A continuación intentaré compartir apartes de las vivencias tenidas en una experiencia educativa en un colegio del Distrito de Agua blanca, en la ciudad de Santiago de Cali, a partir del mes de septiembre de 2003 hasta junio de 2007.
En el año 2003 ingresé a trabajar en esa institución educativa y se me asigno como directora de grupo de un grado 9°, del cual las primeras referencias que recibí fueron suficientes para desanimarme siendo que aún no conocía a los estudiantes, pues la coordinadora y los docentes antiguos de la institución se encargaron de decirme que me iba a tocar muy duro porque este grupo era el más indisciplinado del colegio, que muchos de los estudiantes tenían problemas para relacionarse entre sí, la mayoría de los estudiantes manifestaban constantemente que iban al colegio porque sus padres los obligaban porque estudiar para que, que era un grupo perezoso para las actividades académicas, no les gustaba colaborar ni participar de las actividades del colegio y ni siquiera realizaban los murales (carteleras) que se acostumbraba cambiar cada mes en el aula de clase, esta debía hacérselas el profesor director de grupo porque ellos no las hacían.
Ante este panorama, yo dije pues vamos a ver cómo nos va, yo realmente estaba asustada, nunca había trabajado desde el campo laboral en un colegio de estos sectores populares, aunque si lo había hecho desde el punto de vista pastoral en el acompañamiento a comunidades y conocía algo del sector.
El primer día de clases recibí al grupo con mucha expectativa y tristemente observé que mis compañeros tenían razón al expresarse en esos términos de estos estudiantes. En el salón de clases elaboré una cartelera de bienvenida, me esmere para que fuera muy significativa para ellos, pues el objetivo era que a partir de esa cartelera, se organizarán los grupos de trabajo para elaborar las siguientes del año lectivo.
Como era de esperarse conformar los grupos de trabajo fue bien difícil, ellos estaban acostumbrados a no hacer nada porque eso lo hacía el profesor, sin embargo se fueron animando poco a poco aunque yo sabía que me correspondía motivarlos constantemente para que asumieran. En los días siguientes iniciamos un proyecto de aula en la clase de ética y valores que yo guiaba. Este proyecto se denominó EL TRABAJO EN EQUIPO, y tenía como propósito motivar a los estudiantes del grado 9° para que desde el trabajo en equipo se asumieran las responsabilidades que se tenían como grupo y además se pudiera alcanzar un ambiente de cooperación y compañerismo en el aula de clases.
Durante este tiempo realizamos ejercicios de motivación e integración, jornadas de análisis y reflexión en torno a la vida de grupo y la importancia de trabajar en equipo en la vida de los seres humanos y en nuestro proceso educativo en el colegio. Para ello utilizamos recursos como lectura de textos, videos, ejercicios grupales, dinámicas y finalizamos con una salida pedagógica, donde pudimos realizar un compartir para el cual todos aportamos. A este proceso se unieron los docentes de comerciales e industriales, apoyando, acompañando y orientando desde sus experiencias. Este apoyo fue muy importante y significativo para los estudiantes, pues así no sentían el proyecto como un requisito para aprobar ética y valores sino que era importante para la vida en todas sus dimensiones.
Al finalizar este proceso se notó en la institución cierto cambio en el comportamiento de los estudiantes, pero sin embargo en las directivas no había un cambio de actitud hacia ellos. Este fue un ejercicio constante de animación, apoyo y acompañamiento durante todo el año lectivo. Que al finalizar obtuvo una recompensa en favor de la autoestima y el ánimo de los estudiantes, fue el reconocimiento público del buen nivel académico y disciplinario que lograron transformar en relación con años anteriores. El grado 9° que antes solo era nombrado en público para ser regañados y hasta avergonzado ante el resto de la comunidad educativa, en este caso recibía su mayor logro, el que la coordinadora hablara bien de ellos.
Este fue un buen precedente para los dos últimos años del bachillerato, donde ya gracias a Dios no teníamos que desgastarnos tanto en regaños y si en otros aspectos importantes, como fue el que los mismos estudiantes se encargaran de animarme a mí como directora de grupo ya en el grado 11° para que nos fuéramos de excursión. Yo realmente estaba muy aséptica al respecto, me daba miedo empezar una empresa de estas y no lograr sacarla adelante y fueron ellos los que me animaron. Y fuimos capaces de poner a funcionar este proyecto de excursión, que desde un principio tuvo como destino San Andrés, con todas las actividades que esto requería, entre otras montamos una empresa de producción y venta de chocolatinas que funcionó y nos dio grandes ingresos.
Fue muy agradable ver como estos jóvenes cuya primera referencia que tuve de ellos, muy negativa y preocupante, ahora eran impulsores y gestores de ideas para las cuales se comprometían y hacían todo lo posible por sacar adelante.
Con lo anterior me permito reflexionar que la esencia del ser docente radica en el esfuerzo que se hace cada día por hacer grandes a nuestros estudiantes, ya que el protagonista no es el maestro, el solo es un medio para que sus discípulos crezcan como sujetos del proceso educativo en el cual se tienen muchas alegrías, enojos, tristezas, porque cuando creemos que hay avances se perciben los retrocesos. Pero de todo ello queda mucho en la vida del estudiante.

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