miércoles, 20 de mayo de 2009

El maestro significativo


“Cada maestro tiene que inventar continuamente
Y por si mismo su forma de Educar.
Y lo que importa no es tanto lo que sepa el maestro,
Sino que tan bien sepa las cosas
Y sobre todo cuáles son sus cualidades personales,
Pues gran parte de la educación depende,
No en el discurso, sino de la práctica,
El ejercicio y el ejemplo”.
Montaigne.



Parto con esta reflexión de Montaigne, ya que generalmente los maestros más significativos, son los que desde su práctica docente cotidiana generan una constante de situaciones significativas, que motivan en el estudiante el deseo de acercarse al conocimiento. Pero esas situaciones significativas no son traídas desde lo abstracto, por el contrario son situaciones propias de la vida de la escuela. Se desarrollan con sencillez y son muy sentidas porque hacen parte de ese espacio importante para la vida de los seres humanos, que es la escuela. Aun para quienes dicen que no les gusta estudiar.

Hoy se hace mucho énfasis en que la función primordial del maestro es aportar en la formación de seres humanos para la vida. Y en este aspecto se da gran importancia a la formación en valores, pero ¿cómo formar en valores, en una sociedad donde desde las más altas instancias del Estado se promueven prácticas como el delatar a otros, pero no por la convicción de que se actúa mal, sino porque te ofrecen dinero por delatar?

Creo que asistimos a una sociedad donde se convierten en valores, verdaderos anti valores que tienen un trasfondo de intereses particulares, pero que hábilmente los convierten en colectivos. Pero también creo que es precisamente en este momento de incertidumbre y de búsqueda donde el maestro juega un papel primordial, aportando sus conocimientos en las disciplinas especificas, pero sobre todo siendo portador de esperanza y promoviendo en sus estudiantes los valores que aporten en la defensa de la vida con dignidad.

En este contexto creo que si es pertinente celebrar el día del maestro, pero no solo por celebrarlo con discursos e invitaciones, aunque también es válido. Pero sobre todo es importante celebrar el día del maestro como una oportunidad para recordar y ratificar el papel social que cumplimos en la sociedad, y que es una profesión digna, la cual es propia de quienes la sentimos y por ello nos preparamos para serlo.

viernes, 15 de mayo de 2009

COVEY, FRIRE Y PABLO ROMERO IBAÑES EL ENCUENTRO EN LA DIVERSIDAD


El hombre nace egoísta
Y solo la sociedad,
A través de la educación,
Puede hacerlo solidario.
Emilio Durkheim.

Tres autores distinguidos por su compromiso social y profesional, que hacen grandes aportes a la educación, en espacios y contextos diferentes. Pero unidos por la experiencia surgida del encuentro y el reconocimiento del otro como sujeto de liberación, desde una práctica docente consiente y liberadora.

En DE ADENTRO HACIA AFUERA de Covey, encontramos a un licenciado en administración de empresas, que parte de una experiencia familiar concreta, como es la preocupación de él y su esposa por su hijo, que posee unas actitudes que no son las convencionales o similares al comportamiento de un joven de su edad. Esto es normal en los padres que se preocupan por el bienestar de su hijo, pero él no se queda ahí. También nos comparte el proceso vivido con su esposa Sandra, en el afán por ayudar a su hijo y motivarlo para salir adelante. Y como en este proceso, descubren que si quieren realmente aportar en el desarrollo físico, intelectual y hasta motriz de su hijo, debían cambiar ellos mismos y para lograrlo necesariamente debían cambiar las percepciones acerca del comportamiento social que debía tener su hijo, para sumir la realidad y no reducir los méritos propios del joven, y que por el contrario deben descubrirlos y con ellos interactuar para su inclusión en la sociedad.

Por medio de esta experiencia personal, Covey nos deja muy claro que la amenaza de una crisis, es la oportunidad que tiene el ser humano para ver de adentro hacia fuera sus prioridades bajo una luz diferente, lo que se puede convertir en la oportunidad para asumir nuevos roles en nuestra vida. Como padres, como hijos, como maestros, como estudiantes. Es decir como seres sociales, que asumen cambios significativos en la forma de ver, analizar e interactuar, con valores, actitudes y conductas transformadoras de la realidad.

El maestro Paulo Freire, desde el contexto de la realidad latinoamericana, entiende y asume la educación como un proceso de liberación. Encaminada a la humanización del sujeto de educación, estando presentes la acción y la reflexión del ser humano sobre el mundo y su realidad para transformarlo. Según Freire, para que este objetivo se logre es necesaria la implementación de la Pedagogía del Oprimido. Teniendo en cuenta que esta pedagogía exige un posicionamiento político que no permite neutralidades. Ya que se posiciona en el lugar del oprimido como sujeto de liberación desde los procesos de enseñanza aprendizaje, para el surgimiento de hombres y mujeres nuevos.




Con el ánimo de aportar a una nueva sociedad. Donde se parte de los saberes previos de los estudiantes, permitiendo que la sabiduría de los educandos salga a relucir. Compartir en el cual el educador debe asumir una actitud de humildad ante los saberes de sus estudiantes y de reconocimiento del valor de sus aportes y de su capacidad creativa.

La pedagogía del oprimido de Paulo Freire, evidencia elementos que son fundamentales en la educación, vista como un proceso en el cual están inmersos tanto el estudiante como el docente. Y en este proceso son claves algunos elementos: El dialogo, como una forma de acogida y de reconocimiento del otro como sujeto. El amor fraterno, entendido este no como una relación paternalista, sino como el que ese amor nos lleva a proponer un nivel de exigencia que le permita al otro fortalecerse en su rol y práctica cotidiana. Relaciones humanas horizontales, donde no se evidencien estructuras o niveles sociales, y donde no se cohíba la expresión de las personas y se evidencie la escucha activa. Estos elementos se convierten en la propuesta ideológica, o el currículo oculto, que no se enseña en la teoría pero que se evidencia en la práctica y que forma, ya que está presente constantemente y genera conciencia de ello.

Según Mounier “La educación tiene como misión despertar personas capaces de vivir y de comprometerse como personas”. Y en este sentido la pedagogía del oprimido se posiciona en situaciones límites de la sociedad, tomados estos como punto de partida para una concientización y comprensión crítica de la realidad. Ya que el punto final de la pedagogía de la liberación es la realización persona, en relación con el mundo y los demás seres humanos siendo sujetos de su propio destino.

Freire nos evidencia que la liberación es el lugar y el propósito de la pedagogía, y que esta propuesta que es vigente para la realidad latinoamericana, también lo es para el primer mundo, en la idea de humanización. Y que se mantiene vigente pues el hecho de tomar en cuenta al otro es una tarea constante del ser humano y sin lugar a dudas nos sugiere un cambio de paradigmas.

El pedagogo Pablo Romero Ibáñez, en su texto HACIA UN MAESTRO HUMANIZADOR, hace referencia a dos realidades fundamentales en la práctica de un maestro para aportar en la formación de seres humanos con responsabilidad social y con madurez mental consciente de sus actos. Esas realidades a las que hace referencia el autor, son el amor y la preparación.

Un maestro significativo en la vida de los estudiantes, es aquel que sin perder su rol social, los estudiantes perciben como alguien con quien ellos pueden compartir la vida académica, pero también lo sienten cercano para compartir situaciones de la vida misma.





El amor por la profesión docente, se evidencia en la cotidianidad del maestro. Es un maestro innovador, creativo, es capaz de relacionarse con sus estudiantes en la búsqueda de generar provocaciones (motivación) hacia el aprendizaje. Intentando incluir en el proceso no solo a los estudiantes brillantes, sino también a aquellos a los que aparentemente no les interesa acceder al conocimiento.

Es decir a un maestro humanizador se le percibe el amor por su profesión cuando no se queda sujeto a un libro para compartir conocimientos, sino que recurre a la generación de situaciones significativas y la creación de ambientes de aprendizaje, en el cual el estudiante pueda interactuar y sentir más cercanos, reales y necesarios para la vida los conceptos desarrollados en el aula.

Pablo Romero Ibáñez, también hace referencia a la preparación del docente, que no basta con la preparación en cualquier profesión por respetable que esta sea. La preparación del docente requiere de una formación precisa y particular que lo hace ser un maestro, independiente de su formación específica o énfasis profesional como licenciado.

La preparación del maestro le exige desarrollar habilidades desde lo disciplinar y lo pedagógico, que le permitan aplicar desde la didáctica los conocimientos determinados de acuerdo al nivel o grado de los estudiantes, pero también le exige una cercanía permanente con la actualización y producción académica, investigativa y creativa.

La formación pedagógica es asumida particularmente por los maestros, que tienen una responsabilidad esencial en la transformación del sujeto, en un mejor ser humano. Sin embargo esta hace un aporte particular en la formación profesional en cualquier campo del conocimiento, ya que brinda elementos en la formación de seres humanos que interactúan con su entorno y brinda la posibilidad de acceder a la madurez mental.

Con lo anterior estos tres profesionales de la educación. Cada uno en un contexto especifico, con unas motivaciones y prioridades particulares, pero con un objetivo que los integra desde la diversidad, nos aportan elementos muy importantes en nuestra formación como docentes y nos generan provocaciones, para acceder al conocimiento desde nuestro quehacer cotidiano como futuros profesionales de la educación. Que promuevan en los procesos de enseñanza aprendizaje, el fortalecimiento tanto del estudiante como del maestro como sujetos capaces de apropiarse, transformar y mejorar la realidad. Mediante la utilización de herramientas que aporten en el proceso de formación.

viernes, 8 de mayo de 2009

DE ADENTRO HACIA AFUERA


“No debemos dejar de explorar,
Porque al final de nuestra exploración
Llegaremos a nuestro punto de partida
Y conoceremos el lugar por primera vez.”
(Tomado de: Adentro hacia fuera. Covey)



Siento que la conferencia de Covey “De adentro hacia afuera” concluye sabiamente con esta frase, ya que este no es un trabajo concluido. Antes bien, es signo de una apertura que impulsa al lector a buscar lo que es esencial, en nuestra forma de vivir. Desde mi caso particular en mi que hacer como docente y como asistente de proyectos educativos, en el corazón del mundo.

Esta lectura se convierte en una pista que indica un camino posible, que parte de la experiencia vivida por el autor y su familia, y que además da apertura e impulsa a estar atentos al devenir de la historia y a través de esta a descubrir lo que nos plantean los signos de los tiempos. Ya que estos seguramente nos proponen asumir actitudes y aptitudes, que vistos en primera instancia no los leeríamos como unos cambios de paradigmas o ratificación de los mismos, pero que si lo son ya que asistimos a un momento en la historia de la humanidad, que según mi forma de pensar no nos permite ser neutrales, por el contrario nos exige tomar posición. Y como docentes esto es clave ya que de esta manera asumiremos una posición frente al que hacer del docente en la sociedad de hoy.

Esta es la invitación que nos hace Covey, en su texto. Un llamado a la urgencia de revisar y si es posible replantear nuestros paradigmas. Que además es revisar nuestra forma de ver y entender el mundo. No solo desde nuestra realidad y desde nuestra óptica, sino también tratar de verla y entenderla desde el otro. He aquí la dificultad que muchos encontramos para acoger esta invitación, ya que nos involucra individualmente, pero que se vive en la colectividad en una constante búsqueda. El replantear revisar nuestra forma de analizar la realidad y nuestros propios paradigmas, lo podemos justificar en nombre de una presunta sabiduría que nos proviene de la experiencia, de la tradición y de nuestras seguridades. Poniendo así en paz la conciencia y permaneciendo firmes a unos esquemas e ideas que posiblemente vale la pena revisar.

Como bien lo describe el autor, este replantear o ratificar nuestros paradigmas de vida requiere de un proceso. Ya que no se trata de introducir en nuestra vida un simple “perfeccionamiento”, como si estuviesemos haciendo un remiendo de lo viejo con lo nuevo. Esta tesis de Covey me motiva a relacionarla con un texto Bíblico, y lo hago porque la palabra de Dios hace parte de mi cotidianidad como laica comprometida, sin pretender caer en fanatismos.

Marcos 2, 21-22. “Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de género nuevo; porque la tela nueva encoge: tira de la tela vieja, y hace más grande la rotura. Y nadie echa vino nuevo en vasijas viejas, porque el vino las rompería. Así se echarían a perder el vino y las vasijas. ¡El vino nuevo, en vasijas nuevas!”

De acuerdo con lo anterior, no se trata de remendar lo que es viejo, sino de dar apertura a la novedad, una novedad que nos interpele en los acontecimientos de nuestra vida y del mundo. Ya que como lo plantea Covey “los paradigmas son poderosos porque crean los cristales a través de los cuales vemos el mundo. El poder del cambio de paradigma, es el poder especial de un cambio considerable, ya se trate de un proceso instantáneo o lento y pausado.” Así pues concluyo esta intervención ratificando que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo vivimos un momento histórico propicio que nos plantea hacer uso de la condición humana de la razón y de nuestro ser social por naturaleza. Que nos permitan introducir nuevas formas de ver y entender el mundo basado en valores y principios incluyentes. Así pues tenemos un tesoro que llevamos en vasijas de barro.

UNA EXPERIENCIA PARA RECORDAR


“la palabra muerta está demasiado apegada a nosotros. Hay que hacerla vivir en lo que uno hace”
Augusto Roa Bustos



A continuación intentaré compartir apartes de las vivencias tenidas en una experiencia educativa en un colegio del Distrito de Agua blanca, en la ciudad de Santiago de Cali, a partir del mes de septiembre de 2003 hasta junio de 2007.

En el año 2003 ingresé a trabajar en esa institución educativa y se me asigno como directora de grupo de un grado 9°, del cual las primeras referencias que recibí fueron suficientes para desanimarme siendo que aún no conocía a los estudiantes, pues la coordinadora y los docentes antiguos de la institución se encargaron de decirme que me iba a tocar muy duro porque este grupo era el más indisciplinado del colegio, que muchos de los estudiantes tenían problemas para relacionarse entre sí, la mayoría de los estudiantes manifestaban constantemente que iban al colegio porque sus padres los obligaban porque estudiar para que, que era un grupo perezoso para las actividades académicas, no les gustaba colaborar ni participar de las actividades del colegio y ni siquiera realizaban los murales (carteleras) que se acostumbraba cambiar cada mes en el aula de clase, esta debía hacérselas el profesor director de grupo porque ellos no las hacían.

Ante este panorama, yo dije pues vamos a ver cómo nos va, yo realmente estaba asustada, nunca había trabajado desde el campo laboral en un colegio de estos sectores populares, aunque si lo había hecho desde el punto de vista pastoral en el acompañamiento a comunidades y conocía algo del sector.

El primer día de clases recibí al grupo con mucha expectativa y tristemente observé que mis compañeros tenían razón al expresarse en esos términos de estos estudiantes. En el salón de clases elaboré una cartelera de bienvenida, me esmere para que fuera muy significativa para ellos, pues el objetivo era que a partir de esa cartelera, se organizarán los grupos de trabajo para elaborar las siguientes del año lectivo.

Como era de esperarse conformar los grupos de trabajo fue bien difícil, ellos estaban acostumbrados a no hacer nada porque eso lo hacía el profesor, sin embargo se fueron animando poco a poco aunque yo sabía que me correspondía motivarlos constantemente para que asumieran. En los días siguientes iniciamos un proyecto de aula en la clase de ética y valores que yo guiaba. Este proyecto se denominó EL TRABAJO EN EQUIPO, y tenía como propósito motivar a los estudiantes del grado 9° para que desde el trabajo en equipo se asumieran las responsabilidades que se tenían como grupo y además se pudiera alcanzar un ambiente de cooperación y compañerismo en el aula de clases.

Durante este tiempo realizamos ejercicios de motivación e integración, jornadas de análisis y reflexión en torno a la vida de grupo y la importancia de trabajar en equipo en la vida de los seres humanos y en nuestro proceso educativo en el colegio. Para ello utilizamos recursos como lectura de textos, videos, ejercicios grupales, dinámicas y finalizamos con una salida pedagógica, donde pudimos realizar un compartir para el cual todos aportamos. A este proceso se unieron los docentes de comerciales e industriales, apoyando, acompañando y orientando desde sus experiencias. Este apoyo fue muy importante y significativo para los estudiantes, pues así no sentían el proyecto como un requisito para aprobar ética y valores sino que era importante para la vida en todas sus dimensiones.

Al finalizar este proceso se notó en la institución cierto cambio en el comportamiento de los estudiantes, pero sin embargo en las directivas no había un cambio de actitud hacia ellos. Este fue un ejercicio constante de animación, apoyo y acompañamiento durante todo el año lectivo. Que al finalizar obtuvo una recompensa en favor de la autoestima y el ánimo de los estudiantes, fue el reconocimiento público del buen nivel académico y disciplinario que lograron transformar en relación con años anteriores. El grado 9° que antes solo era nombrado en público para ser regañados y hasta avergonzado ante el resto de la comunidad educativa, en este caso recibía su mayor logro, el que la coordinadora hablara bien de ellos.

Este fue un buen precedente para los dos últimos años del bachillerato, donde ya gracias a Dios no teníamos que desgastarnos tanto en regaños y si en otros aspectos importantes, como fue el que los mismos estudiantes se encargaran de animarme a mí como directora de grupo ya en el grado 11° para que nos fuéramos de excursión. Yo realmente estaba muy aséptica al respecto, me daba miedo empezar una empresa de estas y no lograr sacarla adelante y fueron ellos los que me animaron. Y fuimos capaces de poner a funcionar este proyecto de excursión, que desde un principio tuvo como destino San Andrés, con todas las actividades que esto requería, entre otras montamos una empresa de producción y venta de chocolatinas que funcionó y nos dio grandes ingresos.

Fue muy agradable ver como estos jóvenes cuya primera referencia que tuve de ellos, muy negativa y preocupante, ahora eran impulsores y gestores de ideas para las cuales se comprometían y hacían todo lo posible por sacar adelante.

Con lo anterior me permito reflexionar que la esencia del ser docente radica en el esfuerzo que se hace cada día por hacer grandes a nuestros estudiantes, ya que el protagonista no es el maestro, el solo es un medio para que sus discípulos crezcan como sujetos del proceso educativo en el cual se tienen muchas alegrías, enojos, tristezas, porque cuando creemos que hay avances se perciben los retrocesos. Pero de todo ello queda mucho en la vida del estudiante.